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Economía

Tomar deuda para pagar deuda: cómo identificar un crédito insostenible

Identificar señales de que una deuda se vuelve insostenible es crucial para evitar caer en un ciclo de endeudamiento. La mora familiar está en aumento y es necesario tomar precauciones.

Gráfico sobre el aumento de la mora familiar y el endeudamiento.
Gráfico sobre el aumento de la mora familiar y el endeudamiento.

Pagar una cuota de una deuda no siempre significa que esta esté disminuyendo. Una persona puede mantenerse al día durante meses y, al mismo tiempo, encontrarse cada vez más endeudada si para cumplir necesita refinanciar saldos, pagar mínimos o pedir nuevos préstamos. Esto se asemeja a una “manta corta” financiera: se logra cubrir un vencimiento, pero aparece otro agujero en el presupuesto.

Cuando el nuevo crédito solo sirve para cancelar el anterior, el problema deja de ser una deuda puntual y se convierte en una dinámica de endeudamiento. Este fenómeno se presenta en un contexto de fuerte aumento de la mora familiar. Según EcoGo y la Universidad Austral, el 17,5% del dinero prestado a personas físicas estaba en situación irregular en junio, y el 26,1% de los deudores tenía al menos algún saldo en mora.

CEPA aporta otra dimensión: sobre un universo de 20,9 millones de deudores con bancos y billeteras relevados a mayo, contabilizó 5,8 millones de personas morosas. De ellas, 3,4 millones tenían mora con billeteras virtuales, 1,3 millones con bancos y 1,1 millones con ambos tipos de entidades.

El mecanismo de endeudamiento puede comenzar de manera aparentemente inocua. Una persona que no alcanza a cubrir una cuota puede tomar un préstamo pequeño para pagarla. Sin embargo, al mes siguiente, mantiene la obligación original y suma el costo del nuevo financiamiento. Si los ingresos no mejoran, puede necesitar una nueva refinanciación, lo que aleja el momento de la cancelación definitiva.

El problema no es refinanciar en sí mismo. Una reestructuración que reduzca una cuota y ordene vencimientos puede ser una herramienta útil para evitar el incumplimiento. La alerta aparece cuando la refinanciación no modifica el desequilibrio entre ingresos y gastos y simplemente posterga el problema.

El “pago mínimo” es otra señal que no debe pasarse por alto. Aunque el deudor continúe pagando todos los meses, una deuda puede no bajar o incluso crecer a pesar de esos desembolsos. Algo similar ocurre con las renovaciones automáticas: obtener más plazo puede reducir temporalmente la cuota, pero también aumentar el costo total y mantener la obligación durante mucho más tiempo.

Antes de refinanciar, se recomienda revisar cuánto se debe en total, cuánto se terminará devolviendo, cuál es el Costo Financiero Total (CFT) y qué ocurre con el capital después de cada pago. La digitalización ha agregado otra dificultad: una misma persona puede tener simultáneamente saldo de tarjeta, un préstamo bancario, compras financiadas, adelantos y créditos en distintas aplicaciones. Cada cuota puede parecer manejable por separado, pero sumadas pueden consumir una proporción del ingreso incompatible con los gastos esenciales.

Entre todas las advertencias, la más grave es que la persona ya proyecte otro crédito para pagar la próxima cuota. En este punto, el nuevo financiamiento ya no está comprando un bien, resolviendo un gasto extraordinario ni financiando una inversión, sino que está financiando exclusivamente deuda anterior.

Antes de volver a refinanciar, es recomendable reconstruir el presupuesto, separar ingresos estables de eventuales, priorizar gastos esenciales y determinar cuánto se puede destinar efectivamente al repago. También es clave comparar el costo total de cualquier nueva propuesta y entender si realmente reduce el problema o solo cambia su fecha. Una deuda puede mantenerse al día y, sin embargo, volverse cada vez menos sostenible.